En primer lugar he de decir que el cuento me ha gustado mucho, y eso que al empezar a leerlo no tenia esa sensación porque me resultaba una historia demasiado surrealista, demasiado extraña e inverosímil, pero la verdad es que no pude dejar de leerla. Creo que a ello contribuye la forma en la que está dividida la historia, contando primero la parte de la aparición de la nariz en el pan y contando la historia siguiendo al barbero, para pasar después a la parte más larga del asesor colegiado Kovaliov, y la parte final, y me gusta especialmente la forma en la que separa las partes con ese “pero el suceso queda a partir de aquí envuelto en brumas y no se sabe nada en absoluto de lo ocurrido después”. Reflexionando sobre el relato, me resulta curioso que no llegara a empatizar en ningún momento con Kovaliov, ni a sentir lástima por él, a pesar de su situación, del problema que tiene, su forma de ser, sus ínfulas, sus ganas de aparentar, sus pretensiones de medrar en la sociedad, la forma en la que trata a los otros personajes, unas veces arrogante, otras altivo, me hizo llegar a pensar que le estaba bien empleado. Disfruté mucho con las descripciones tan detalladas y gráficas de todos los personajes que van apareciendo, y de las situaciones en las que lo hacen, creo que logran que te sumerjas en la historia. Pero la parte que sin duda más me gustó es el final, donde el propio narrador ironiza, incluso da la impresión de que bromea, con lo extraño e inverosímil de la historia y con que se pueda llegar a escribir sobre ello, algo que como lector te has estado planteando al leer la historia, para terminar con esa pregunta que se hace, y que nos hacemos al leer el cuento, ¿es que no ocurren cosas absurdas? En definitiva, un gran cuento. Saludos, Alfredo